CARDIOLOGÍA FELINA: “¿POR QUÉ NO SON COMO PERROS PEQUEÑOS?, ¿QUÉ DEBO HACER DIFERENTE PARA QUE TODO FUNCIONE? – Dr. Enrique Ynaraja Ramirez

XIII CONGRESO NACIONAL DE AVEACA
Bs. As. 17al 20 de Setiembre de 2013
Asociación de Veterinarios Especializados en Animales de Compañía de Argentina

CARDIOLOGÍA FELINA: “¿POR QUÉ NO SON COMO PERROS PEQUEÑOS?,
¿QUÉ DEBO HACER DIFERENTE PARA QUE TODO FUNCIONE?
Dr. Enrique Ynaraja Ramirez

Servicios Veterinarios Albeytar – CardioVet. España
eynaraja@cardiovet.es

La cardiología felina reúne algunas diferencias sustanciales con la cardiología canina que suponen no
pocas dificultades en el manejo clínico de estos pacientes y son la fuente de algunos errores que
cometemos los veterinarios por diferencias significativas con nuestros pacientes más frecuentes en
cardiología: los perros.
Una de las primeras consideraciones que debemos hacer es que los gatos padecen enfermedades
cardiacas y problemas cardiovasculares con mucha menor frecuencia que los perros.
Las estadísticas tienden a confundir en más de una ocasión ya que varían mucho en función de que
sean “americanas” (la población felina de mascotas es ya superior a la canina en Estados Unidos, al
igual que lo es en el Reino Unido), que las estadísticas sean “universitarias” (los hospitales
universitarios muchas veces reciben pacientes en número y proporción diferentes y que no reflejan las
mismas estadísticas que las clínicas veterinarias privadas), que sean “de cardiólogo” (casos remitidos
a un especialista) o de “hospital privado” que recibe muchos casos remitidos de diversas
especialidades. Por supuesto que algo tan simple como una clínica de un área del centro de la capital
y una clínica de un pueblo más alejado, no tendrán número y porcentajes de gatos y perros ni siquiera
parecidos aunque sean clínicas privadas, similares en antigüedad y tamaño y del mismo estado.
Sin sacar conclusiones ni matemáticas ni definitivas, es una idea general que un 10% de los perros
con algún problema que acuden a una clínica veterinaria (por el problema que sea, excluyendo las
vacunas, desparasitaciones, etc.) padece cierto grado de lesión cardiaca. No todos esos perros están
“enfermos del corazón” ni todos ellos necesitan (y sus propietarios aceptan) que se realicen pruebas
complementarias completas, establecimiento de un diagnóstico y un tratamiento médico consecuente.
Es probable que apenas la mitad de ellos (5% de los pacientes de una clínica de medicina general)
sean sujeto de pruebas y diagnóstico cardiológico.
Sin duda, por cada 10 perros con “problemas cardiacos” podemos encontrar apenas 1 gato con
“problemas cardiacos” en una clínica de medicina general, es probable que ni siquiera encontremos 1
gato con esos problemas por cada 20 o 30 pacientes caninos con alguna patología cardiaca. La
primera idea en cardiología felina es que “hay pocos casos en comparación con la cardiología canina
(MUY pocos casos)”.

La segunda gran idea que debemos tener presente es que los gatos con problemas cardiacos NO
TOSEN y, además, aunque la presenten, es muy difícil valorar una cierta INTOLERANCIA AL
EJERCICIO FISICO.

La tos es uno de los síntomas principales, si no el más importante, frecuente y evidente, de los
problemas cardiacos en los perros y los gatos con problemas cardiacos no presentan este síntoma
prácticamente nunca. Pueden presentar disnea, cianosis u otras alteraciones relacionadas con la
respiración, pero no presentan tos. Un gato que tose tiene un problema respiratorio y no cardiaco, al
menos, hasta que se compruebe lo contrario.
Los perros habitualmente pasean y realizan un cierto nivel de ejercicio físico diario en compañía de sus
propietarios. Algunos perros soportan largas sesiones de paseos, jogging, caza, juegos, etc. y otros
tan solo pasean tranquilamente con su correa y junto a sus propietarios pero todos ellos, cuando
presentan una alteración cardiaca, pierden capacidad para realizar su ejercicio físico “habitual” y los
propietarios, que están a su lado cuando lo realiza, lo detectan con bastante facilidad en la mayoría de
los casos.
Los gatos son animales muy serenos, no suelen pasear, no suelen realizar grandes sesiones de
ejercicio físico y muchos de ellos no salen de su casa. Las veces que juegan o realizan ejercicio, en
muchos casos, lo hacen sin que sus propietarios estén delante y observándolos. En estas condiciones,
cuando su nivel de tolerancia al ejercicio físico disminuye, los propietarios tienden a no detectarlo y
solamente se dan cuenta cuando los síntomas son tan evidentes que incluso en reposo el gato
presenta problemas fáciles de observar.
Algunas dificultades añadidas son el carácter no siempre cooperador de los gatos, el estrés de acudir
a la clínica y salir de casa, el estrés de los demás animales que haya en la clínica y los procedimientos
diagnósticos que empleemos, el pequeño tamaño del paciente y el pequeño tamaño de su corazón, la
alta frecuencia cardiaca “normal” y su respuesta exagerada al estrés elevándose todavía más en la
consulta y la aparición de los síntomas de forma relativamente brusca y severa.
Probablemente los síntomas aparecen de forma más paulatina pero los propietarios no suelen
detectarlos hasta que son más severos que en los problemas cardiacos de los perros.
Algunas excepciones son lesiones congénitas que se detectan en la clínica en las vacunaciones
cuando el gato está, todavía, libre de síntomas o problemas adquiridos pero que se detectan cuando
no presentan una clínica alarmante todavía por simple coincidencia con chequeos, revisiones,
vacunaciones, estudios prequirúrgicos, etc. También en controles de animales cuyos familiares han
sufrido alguna enfermedad cardiaca y los propietarios quieren revisarlos o que se destinan a la
reproducción y pertenecen a razas que presentan algunas alteraciones cardiacas hereditarias y
congénitas.

Otras fuentes de frustración en cardiología felina derivan del hecho de que la gran entidad patológica
que en perros supone más del 75% de la cardiología de una clínica privada, la lesión valvular aurículoventricular degenerativa mixomatosa, no se presenta en gatos de forma habitual y frecuente;
perdemos, en esta especie, el 75% de los casos caninos y, además, es la patología en la cual el curso
es crónico, disponemos de medicamentos para controlar los síntomas y de tratamientos para modular
la evolución. En los gatos hay menos cardiópatas, ya que no suelen padecer este problema y, las
patologías que presentan las controlamos peor y con más dificultad que las lesiones valvulares.
Del mismo modo que las cardiomiopatías en los perros suponen situaciones de difícil control en las
cuales los síntomas clínicos, el progreso de la enfermedad o el riesgo de muerte súbita se manejan
peor con medicación, nos ocurre algo similar en los gatos: los tratamientos son menos eficaces y los
problemas habituales responden peor a los medicamentos utilizados.
Finalmente, una fuente de problemas se deriva del hecho de tener que medicar a un gato, por vía oral,
una, en general dos y con frecuencia 3 veces al día, con 2 o 3 medicaciones, incluso 4 y hacerlo
durante “el resto de su vida”: en la mayoría de los casos, los propietarios son, simplemente, incapaces
de conseguirlo. La enfermedad es más grave que la más habitual en perros, responde peor al
tratamiento, se controla con mucha menor eficacia y, encima, los propietarios no suelen poder cumplir
con nuestras prescripciones.

Examen clínico cardiovascular en gatos:
Los gatos, frente a lo que es habitual en los perros, cuando tienen problemas cardiacos no suelen
presentar síntomas leves de evolución gradual y paulatina. Tal vez los síntomas existan con
anterioridad pero pasan desapercibidos para los propietarios o tal vez el equilibrio hemodinámico
consigue mantenerse estable durante más tiempo que en los perros y solamente cuando la
enfermedad progresa y cruza ciertos límites, fracasan los mecanismos compensatorios y se presentan
síntomas evidentes de insuficiencia cardiaca o enfermedad cardiovascular.
Una de las principales causas de consulta en gatos con problemas cardiacos es la DISNEA. Los gatos
presentan dificultad respiratoria grave, sostenida y de aparición relativamente brusca. Hay que
recordar que no suele acompañarse de tos.
Otro de los síntomas habituales es una parálisis aguda del tercio posterior debido a un proceso de
tromboembolismo con compromiso circulatorio en arteria aorta abdominal, arterias iliacas o arteria
femoral. Para los veterinarios habituados a manejar perros, hay que recordar que las hernias discales
sobreagudas o traumáticas son menos frecuentes en los gatos y que cuando tenemos este problema
de tromboembolismo las extremidades quedan frías, cianóticas, muy dolorosas, muchas veces
discretamente edematosas.
El tercer síntoma más habitual en gatos con problemas cardiacos es la muerte súbita. Sencillamente la
primera vez que hay síntoma alguno de un problema cardiovascular es cuando el gato fallece de forma
inesperada y repentina. Esto es más habitual en cardiomiopatías hipertróficas felinas.

Signos clínicos más habituales de enfermedad cardiaca en gatos:
1.-/ Disnea y taquipnea sostenida.
2.-/ Parálisis flácida del tercio posterior, brusca, dolorosa, con extremidades frías y cianóticas (suele
haber déficit de pulso femoral y con un doppler no se detecta flujo sanguíneo distal).
3.-/ Síncope, decaimiento, letargo, depresión, anorexia, inmovilidad en casa (se queda quieto en el
mismo sitio y apenas se mueve para ir a su bandeja de deposiciones). Intolerancias al ejercicio; no
juega, no se mueve, no sigue a los propietarios por la casa, etc.
4.-/ No suelen presentar TOS. Solamente presentan ascitis en casos muy graves, muy avanzados y
con compromiso cardiaco DERECHO, la ascitis es muy poco frecuente en las enfermedades cardiacas
de los gatos. Casos menos graves o menos avanzados presentan distensión de venas yugulares y
hepatomegalia moderada (normalmente se detecta en radiografías o ecografías abdominales).
Los gatos deben explorarse en busca de nódulos tiroideos, especialmente gatos de cierta edad, con
síntomas compatibles o sospechosos de padecer problemas cardiacos. En caso de duda, antes de
proseguir con otras pruebas diagnósticas, deben tomarse muestras de sangre para evaluar la función
tiroidea y descartar un hipertiroidismo como causa de los problemas de un paciente determinado.
Para poder realizar una auscultación adecuada en los gatos debemos estar en un ambiente si no
“relajante y tranquilo”, al menos tolerable y silenciosos para poder realizar la auscultación
correctamente. Es preferible usar un estetoscopio pediátrico o, preferiblemente, neonatal dado el
tamaño del paciente y de su corazón. Hay que invertir algunos minutos en la auscultación y repetirla
varias veces para que el gato se acostumbre y le resulte menos estresante en cada ocasión.

Frente a la presencia frecuente de soplos en las enfermedades cardiacas en perros, en los gatos es
más habitual detectar GALOPES debidos a la presencia de sonidos añadidos al ciclo cardiaco;
tenemos S3 y S4 con frecuencia. Son sonidos graves de baja frecuencia y que solamente se detectan
con entrenamiento, atención, dedicación de tiempo y con CAMPANA. Si tienes un estetoscopio de
tamaño “adulto” y lo usas con la membrana, no se escuchan. El sonido S4 incluso en las mejores
condiciones hay muchas personas que no detectan esa frecuencia tan baja. Para poder escucharlos
con la mayor garantía hay que usar un estetoscopio pediátrico o neonatal y debemos usar la
membrana y, después, la campana. Incluso si tienes el Littman Cardiology no los escuchas bien; es
demasiado grande y su membrana flotante compensada y adaptable a la presión… al final, en un gato
de 3 kilos, con pelo en la caja torácica, no vas a oír S3 salvo que cambies al pequeño (pediátrico) y
uses tanto campana como membrana después. Si estás habituado a un estetoscopio electrónico,
probablemente tampoco lo escuches bien dado el tamaño excesivo de la membrana pero si grabas
todo y lo analizas en la computadora, es probable que si identifiques S3 y/o S4.

Además de los sonidos añadidos, con frecuencia se detectan soplos y arritmias. Las arritmias no son
fisiológicas en los gatos como si lo son en los perros y no siempre reflejan problemas cardiacos o
cardiovasculares pero siempre deben ser identificadas y estudiadas con un ECG
Los soplos no son tan frecuentes como en los perros y, además, cuando se presentan, en muchas
ocasiones se trata de problemas funcionales no cardiacos o soplos inocentes: fiebre, anemia,
sobrecarga de volumen circulatorio, uso de tranquilizantes, etc. son causas frecuentes de soplos que
no reflejan enfermedades cardiacas en gatos.

Una idea para recordar es que la mayoría de los gatos con problemas cardiacos tiene anomalías
auscultatorias; sonidos añadidos, arritmias o soplos. Lo que no podemos es avanzar más en el
diagnóstico de la enfermedad cardiaca simplemente con la auscultación clínica.
Incluso gatos que desarrollan un edema pulmonar (ya sea cardiogénico o no) pueden presentar los
sonidos anormales “típicos” de perros; estertores húmedos y tos húmeda suave frecuente y sostenida
pero muchos gatos simplemente presentan disnea con un refuerzo inspiratorio y, en los casos peores,
tan solo permiten sospechar cierto grado de cianosis en los labios entreabiertos o la lengua que asoma
tímidamente por una pequeña apertura en la boca. Hay que ser mucho más sensibles a las muestras
de disnea en los gatos que en los perros y siempre debemos realizar pruebas complementarias que
nos ayuden a establecer un diagnóstico definitivo.

Radiografías torácicas en gatos con problemas cardiacos:
La silueta cardiaca es de menor tamaño relativo en el gato que en el perro, los gatos tienen
proporcionalmente más tejido pulmonar. El corazón del gato está más alejado del diafragma y de la
pared torácica en los gatos y en las proyecciones ventro-dorsal (VD) o dorso-ventral (DV) el corazón
no toca el diafragma como en los perros.
En proyección DV o VD, la arteria pulmonar no queda “asomando” sobre el borde cardiaco de forma
que una dilatación de esta arteria no se acompaña de un “abultamiento” entre la 1 y las 2 (son la
similitud del reloj) en esta proyección radiográfica.
El ventrículo izquierdo forma el apex cardiaco y se encuentra ligeramente a la izquierda de la línea
media, en ella o, incluso un poco a la derecha en especial en radiografías DV.
La silueta cardiaca en proyección lateral ocupa entre 2 y 2.5 espacios intercostales y el índice cardiovertebral (ICV) (Buchanan) es de un máximo de 7,5.
En gatos de edad más avanzada el corazón se “acuesta” en el borde esternal haciéndose más
horizontal, la base de la aorta hace más prominencia y aumenta de área; se considera que puede
reflejar hipertensión arterial sistémica, puede aparecer en algunas anomalías anatómicas de la válvula
sigmoidea aórtica o la propia aorta pero también es un cambio normal en gatos conforme van
haciéndose mayores.

Cardiomegalia y alteraciones radiográficas en gatos:
La cardiomegalia se puede expresar como aumento del grosor, elongación, posición anormal o
contorno anormal del corazón en los gatos. La diferenciación entre la o las cámaras cardiacas
afectadas es mucho más incierta en gatos que en perros.
Un ICV superior a 8 indica cardiomegalia pero en casos de derrame pleural y masas intratorácicas es
difícil hacer el cálculo de forma precisa.
La elevación traqueal es una alteración importante pero no solamente se produce en enfermedades
cardiacas con cardiomegalia sino que aparece en masas mediastínicas, derrames pleurales y otras
patologías mediastínicas que “empujan” la tráquea en sentido dorsal; es un hallazgo importante, tiene
significado patológico pero es menos específico que en los perros.
La dilatación de la aurícula izquierda (AI) produce un desplazamiento hacia el centro del apex cardiaco
y la forma de la silueta cardiaca en proyección DV o VD es la de un corazón de “dibujo” o de “tarjeta
postal”. Esta imagen no refleja dilatación biauricular sino solamente de AI. La facilidad con que se
identifica el crecimiento de la AI en proyección lateral en los perros no es la misma en los gatos, está
cámara cardiaca es más craneal en ellos y no se aprecia correctamente en radiografías laterales.
En proyecciones laterales se puede apreciar el edema pulmonar cuando está presente y en gatos
tiende a ser perihiliar y dorsal o dorso-caudal pero puede ser en áreas mal definidas y repartidas por
los campos pulmonares o puede ser ventral o cráneo-ventral. No hay relación entre el origen del
edema y su localización o aspecto radiológico.

Estudios electrocardiográficos en gatos:
En la mayoría de las ocasiones debemos renunciar a la posición lateral derecha para realizar el ECG y
recurrimos al decúbito esternal, a dejar al gato sentado sobre sus patas traseras o, en algunos casos,
dejar al gato parado, en pie, casi sin sujetar.
En estas posiciones, las ondas cambian ligeramente en su voltaje (altura o profundidad) y los
diagnósticos que se basen en alturas o profundidad de las ondas son más inciertos. En estas
posiciones también cambia el eje eléctrico en el plano frontal pero dada la variabilidad normal de este
valor en los gatos, este cambio es poco probable que afecte a la capacidad diagnóstica del ECG.
Es preferible usar velocidad de 50 mm/segundo dadas las frecuencias altas de los gatos y sensibilidad
de 20 mm/mV ya que muchas veces los complejos son de bajo voltaje, incluso la onda P, suele ser
similar y en ocasiones mayor, que la propia onda R.
Dado el voltaje pequeño de las ondas del ECG felino, es recomendable no usar filtros de temblores
musculares para obtener el ECG ya que el filtro reduce más aún el voltaje de las ondas en la gráfica.
Las taquicardias y taquiarrítmias –muy frecuentes las extrasístoles ventriculares- se presentan con
frecuencia en gatos y pueden ser debidas al estrés de la exploración aunque en muchas ocasiones se
producen en casos de cardiomiopatías (todas las formas).
Un bloqueo de fascículo anterior de rama izquierda del haz de His es un hallazgo habitual en
alteraciones miocárdicas (ya sean primarias o secundarias) y puede sugerir una cardiomiopatía. Los
criterios de identificación son: Ondas R positivas en I y aVL y ondas S negativas y visibles en II, III,
aVF, el eje eléctrico (dentro de la variabilidad normal en gatos) tiende a desviase a la izquierda.
Los bloqueos aurículo-ventriculares (AV) son raros en gatos del mismo modo que la fibrilación
auricular. En las formas restrictivas de cardiomiopatías pueden aparecer bloqueos AV en algunos
pacientes.

Ecocardiografía felina:
No hay duda de la necesidad de realizar un estudio ecocardiográfico para el diagnóstico definitivo de
las enfermedades cardiacas en gatos. Mientras que en perros la exploración clínica, auscultación,
ECG y radiografía torácica en muchas ocasiones nos permiten un diagnóstico presuntivo bastante
certero y la ecocardiografía permite confirmarlo cuando es necesario, no ocurre lo mismo en los gatos.
Debemos pensar que toda esa información en los gatos tan solo nos permite sospechar que existe una
enfermedad cardiaca en un gato y la ecocardiografía confirma esa sospecha, identifica la patología
concreta y la cuantifica.
Además del coste añadido en la exploración cardiológica felina, hay que tener en cuenta que es mala
idea realizar el estudio bajo los efectos de alfa-agonistas centrales (xilacina y análogos: medetomidina,
dexmedetomidina, romifidina, etc.) o de ketamina (y otros derivados; tiletamina, etc.) Son
medicamentos que alteran de forma considerable la frecuencia cardiaca, los resultados funcionales, la
presión sanguínea y, especialmente los primeros, son mal tolerados en felinos con enfermedades
cardiacas (o cardio-respiratorias).
El modo M es adecuado para medir el grosor de las paredes ventriculares y el septo interventricular
tanto en sístole como en diástole. La variación de tamaño y peso en los gatos es menor que en perros
y es más sencillo obtener valores correctos en un paciente y compararlos con valores estándar para la
especie.
El grosor del septo interventricular en diástole y el grosor de la pared libre del ventrículo izquierdo en
diástole servirán para identificar hipertrofia ventricular izquierda. El inconveniente es identificar como
fisiológicos o patológicos los valores discretamente fuera del rango normal.
Para identificar lesiones congénitas, hipertrofia focal o regional y neoplasias, es preferible recurrir a los
estudios en modo B.
Los estudios con doppler permiten evaluar la función diastólica, los patrones de flujo sanguíneo
(turbulento o laminar) y la velocidad de flujo de la sangre.
El estudio con doppler tisular permite evaluar las funciones sistólica y diastólica y es una técnica que
permite identificar casos precoces de cardiomiopatía hipertrófica, incluso antes de que se produzca
una hipertrofia del ventrículo izquierdo (se han obtenido resultados similares en personas con esta
patología).
Hay ocasiones en las que el carácter poco colaborador del paciente, la dificultad para un control
farmacológico seguro y eficaz, el tamaño del paciente, el tamaño del corazón, la frecuencia cardiaca y
el tamaño y frecuencia de las sondas ecográficas disponibles, complican de forma notable los estudios
ecocardiográficos felinos. Hay que recordar que no siempre, en todos los pacientes, es posible obtener
toda la información teóricamente disponible para la técnica.

Cardiomiopatías felinas:
Se trata de un grupo heterogéneo de diferentes alteraciones anatómicas, estructurales y funcionales
del miocardio ventricular. Se consideran, en general, enfermedades adquiridas pero hay casos de
alteraciones genéticas hereditarias que producen estas enfermedades y que pueden desarrollarse en
los gatos portadores en edades muy tempranas. Es probable que con el tiempo sean cada vez más las
alteraciones cromosómicas que se identifiquen como causa directa del desarrollo de estas patologías.
Las cardiomiopatías pueden ser primarias o secundarias. En las primarias se produce una alteración
miocárdica sin causa conocida o justificada. En las cardiomiopatías secundarias hay una razón para su
desarrollo y es una causa no-cardiaca; por ejemplo: cardiomiopatía hipertensiva, cardiomiopatía
isquémica, etc.

La Organización Mundial de la Salud, describió en 1996 las cardiomiopatías (primarias) en personas y
la misma clasificación puede usar en perros y en gatos. En el caso de los gatos, esta clasificación
incluiría:
1.-/ Cardiomiopatía dilatada.
2.-/ Cardiomiopatía hipertrófica.
3.-/ Cardiomiopatía restrictiva. Hay textos donde se recoge una “cardiomiopatía intermedia” que se
asocia a esta categoría.
4.-/ Cardiomiopatía arritmogénica del ventrículo derecho; también llamada displasia arritmogénica del
ventrículo derecho.

Cardiomiopatía dilatada felina:
Se caracteriza por un fallo sistólico ventricular: hay una pérdida sustancial de capacidad inotrópica.
Esta pérdida de contractilidad es la alteración inicial y se acompaña, después, de una dilatación de las
4 cámaras cardiacas en mayor o menor medida.
La causa que se identificó inicialmente fue un déficit nutricional de taurina o una déficit en la absorción
de taurina del alimento. Las fórmulas de alimentos industriales para gatos con defecto de aporte de
taurina eran la principal causa de desarrollo de esta lesión cardiaca y hoy día es una alteración muy
poco habitual.
Se considera que la cardiomiopatía dilatada felina primaria (sin causa conocida y no secundaria a un déficit de taurina) es muy poco frecuente.

Cardiomiopatía hipertrófica felina:
En este caso se produce un déficit diastólico: hay una dificultad para la relajación ventricular, su
expansión y llenado de sangre. Hay un déficit de volumen diastólico (y habrá un déficit de gasto
cardiaco consecuente) y se produce una hipertrofia de las paredes ventriculares y el septo
interventricular sin una causa conocida identificable (por ejemplo hipertensión sanguínea).
Se han identificado genes que sufren alteraciones y producen la enfermedad de manera hereditaria en
algunas razas de gatos: Maine Coon, Persa, Rag-doll y algunas líneas familiares de americano de pelo
corto.
La enfermedad puede desarrollarse de forma evolutiva y el paciente desarrolla insuficiencia cardiaca
congestiva (ICC), signos congestivos derechos e izquierdos, arritmias, etc. en otros casos
simplemente se presenta como causa de un cuadro agudo de tromboembolismo arterial o se identifica
como causa en cuadros de muerte súbita al realizar la necropsia.
Muchos gatos son asintomáticos hasta desarrollar de forma brusca y repentina alguna de las
presentaciones clínicas citadas.
Los gatos afectados suelen presentar galopes cardiacos en auscultación y en el estudio
ecocardiográfico tienen un grosor de la pared libre del ventrículo izquierdo o el septo interventricular
superior a 5.5 mm. Hay que ser cuidadoso con el modo M ya que se describen casos en los cuales la
hipertrofia es focal, local o regional y podemos tomar medidas en puntos “normales” que nos sugieran
descartar la enfermedad que identificaríamos con facilidad haciendo las medidas en otro punto
desplazado una pequeña distancia más dorsal, ventral o lateral.
Igual que ocurre en humanos, se identifican antes los cambios funcionales que la hipertrofia y, si está
disponible, un estudio doppler tisular es más precoz y sensible que las medidas de grosores
ventriculares en los pacientes afectados en fases iniciales del proceso.
Una vez identificada la alteración, es importante distinguirla entre la forma primaria y la secundaria
(con causa no-cardiaca conocida), sin duda, la ecocardiografía no siempre ayuda en este sentido y no
es sencillo descartar otras causas en gatos; la hipertensión o algunos desórdenes endocrinos pueden
ser evaluados como posibles causas pero no siempre podemos garantizar que la enfermedad
detectada sea primaria o no lo sea.
Cuando la enfermedad se mantiene un cierto periodo de tiempo estable y no desencadena cuadros
clínicos graves, se sospecha que puede ser causa de desarrollo de cardiomiopatía restrictiva en
algunos pacientes.

Cardiomiopatía restrictiva felina:
Se caracteriza por una pérdida de elasticidad ventricular con un volumen diastólico normal y un grado
variable de hipertrofia del ventrículo izquierdo. Esta combinación ha dado en su denominación de
“cardiomiopatía intermedia” en algunos textos.
Puede estar causa por procesos inflamatorios, procesos hipóxicos o isquémicos o aparecer como
consecuencia de una cardiomiopatía hipertrófica pero en muchos casos se mantiene como idiopática y
enfermedad miocárdica primaria.
Puede producir ICC ya sea global, derecha o izquierda, aguda o de desarrollo rápido pero progresivo,
puede producir muerte súbita o cuadros de insuficiencia cardiaca aguda. Dentro de la dificultad de
tratamiento de las cardiomiopatías felinas, sin duda, la forma restrictiva es la más difícil de manejar con
peor respuesta a los tratamientos médicos habituales y la de peor pronóstico.

Cardiomiopatía arritmogénica del ventrículo derecho o displasia arritmogénica del ventrículo derecho:
Es una enfermedad que aparece en humanos, también en perros: resulta una forma de cardiomiopatía
frecuente en bóxer y se ha descrito de forma muy similar en gatos aunque se presenta en la clínica
con mucha menor frecuencia.
La lesión es una infiltración fibrosa o fibro-adiposa del tejido miocárdico del ventrículo derecho con
aparición de arritmias ventriculares (extrasístoles ventriculares derechos, ritmos bigéminos, trigéminos,
taquicardias paroxísticas ventriculares derechas), fallo cardiaco derecho (ascitis, congestión
abdominal, etc.) y mala respuesta al tratamiento médico.
La alteración anatómica que se produce (y el tamaño del paciente) ayudan a confundirla en el
diagnóstico ecocardiográfico con displasia tricúspide congénita.

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